Raza Merens

Un cavall Merens sota el cel del Pedraforca

Haras , un Merens del Pedraforca

El Caballo de Merens, bautizado como «El Príncipe Negro del Ariege», se remonta a la noche de los tiempos en los Pirineos. Actualmente es una raza protegida en Francia, donde ha conseguido salir del peligro de extinción. También quedan ejemplares en Andorra y en Catalunya, y hoy día se pueden encontrar caballos Merens en Inglaterra, Italia, Alemania, Túnez, India, etc.

Forman parte del grupo de Caballos Ibéricos, conjunto de razas de caballos originarias de la Península que responden al prototipo de caballo barroco (término que define a los caballos robustos pero ágiles que descienden de los antiguos caballos de combate de la Edad Media), y su domesticación se remonta a la colonización griega.

El Caballo de Merens es un caballo rústico, pero especialmente es un caballo polivalente, puede pasar del TREC (Técnicas de Rutes Ecuestres de Competición) a la carga, pasando por la ruta, el paseo, el carruaje o el trabajo del campo.

Su potencial de utilización es ilimitado, con una seguridad y una calma que todo el mundo aprecia. Su pie seguro en la montaña y su docilidad le hacen un caballo que seduce, tanto al niño que se inicia, como al adulto con pasión por las rutas salvajes.

Características del Caballo de Merens:

Cavall MerensAltura media: 1,45-1,50 m.

Pelaje: negro. Los potros, al nacer, son negros, gris plateado o color café con leche.

Crin: abundante, dura y a menudo crespa.

Cabeza: expresiva.

Cuello: de largura media, bien orientado.

Pecho: bien abierto.

Espalda: medianamente larga y con suficiente inclinación.

Cruz: muy prominente y alargada hacia atrás.

Lomo: ancho y bien nivelado.

Riñonada: en línea.

Grupa: redondeada.

Reconocidos como Raza desde el primero de enero de 1998.

Por lo que respecta a nuestra experiencia, quisiéramos destacar que es una raza que aun conserva su rusticidad y la adaptación al medio. Su metabolismo está adaptado a la vida en libertad, siguiendo el ritmo de las estaciones. Concretamente nuestros caballos viven todo el año a sol y serena, solamente a resguardo de los bosques y rinconadas.

Esto comporta que durante las estaciones cálidas acumulen las reservas que les servirán durante el invierno, cuando la nieve y el frío hagan escasear la comida. Son supervivientes natos, y en su alimentación de invierno entra casi todo: tomillo, zarzas, matojos, boj, bellotas, hojas secas…

Así como las temperaturas de los valles de los Pirineos en pleno invierno (de 10º a 20º bajo cero) son bien suportadas por el grosor de su negro pelaje largo y consistente, es preciso indicar que son caballos que afrontan mal las altas temperaturas veraniegas propias de tierras más bajas y cálidas. Es importante tenerlo en cuenta si se prevén rutas o excursiones fuera de su hábitat habitual de montaña y en épocas de mucho calor.